Enrique Vila-Matas: Cuando Johnny Guitar guardaba su casa
Enrique Vila-Matas: El viajero más lento
Después de leer “París no se acaba nunca” y, en general, cada vez que le veo sacar del baúl su traje de explorador -que no de novelista-, Enrique Vila-Matas siempre me conduce irremisiblemente a la misma conclusión: la de que el hombre se lo pasa de muerte con su famosa literatura portátil.
Dadas las circunstancias, ni siquiera me extrañó que se acercara a mí y me susurrara al oído: “Hemos pasado del duelo a la nada absoluta. Ahora se te muere alguien y en el tanatorio te dicen: Lo has de superar. Rompes con la pareja y la gente pretende que al cabo de dos semanas ya tengas otra. Pero, ¿y el duelo? ¿Dónde queda el duelo, pensar en la pérdida, en lo que significa la pérdida?"Aunque quizás todo fue un sueño y nada de esto ocurrió. Un sueño que había anotado apresuradamente (¡Ah! El olvido) en el margen del texto del libro de Philip Roth que estaba leyendo y que me cabía en el bolsillo de la chaqueta.
Contrario a la perfección como fundamento, Vila-Matas está siempre dispuesto a acabar con los números redondos. Quizás sea por ello que a pesar de que la jerarquía literaria se empeñe en premiarle sus novelas, él prefiera (quiero creerlo así) seguir deleitándonos con su proverbial diletantismo de coleccionista del ocultismo literario y de arbitrariedades del azar. De ahí su fervor por lo raro que tan bien queda reflejado en sus ensayos, breviarios, cuadernos, notas o como queramos llamar a ese discurrir del viajero más lento.
Puede que uno de los motivos sea que así se siente más el otro que él mismo, debilidad de los que buscan y no encuentran, y gracias a esa suerte siguen buscando, aunque como dijera Javier Cercas “uno nunca encuentra lo que busca, sino lo que la realidad le entrega”. Sea como fuere, confieso que es ésa precisamente la única forma con la que disfruto leyendo (y viajando). Lentamente. Como si esa ambición enciclopédica de juventud de conocimiento, de leerlo y saberlo todo ya estuviera colmada. Como si todos los libros fueran el mismo libro, éste que estás leyendo ahora mismo y no te importara demorar su final, porque al fin y al cabo el siguiente seguirá siendo el mismo libro. Como si nunca hubiera otro libro esperándome, otro museo que visitar, otra autopista que recorrer. Johnny Guitar lo sabía.
Johnny Guitar, de Nicholas Ray, es la película que más veces ha visto en su vida, cuenta el autor. En cuanto la pasaban en París en alguna sesión golfa, allí estaba él en la cola nocturna, dispuesto a ver aquella película por enésima vez. Le fascinaban sus diálogos sobre el amor y también le encantaba la seguridad que emanaba de la fuerte personalidad del héroe. Pensaba que de haberle conocido en su infancia, ésta habría sido muy distinta de lo que había sido. Se imaginaba a mí mismo durmiendo en su cuarto de niño, alejado de cualquier terror nocturno, sabiendo que Johnny Guitar guardaba la casa. Se sabía de memoria todo lo que el héroe decía en la película, sobre todo los diálogos de amor, como aquel en el que Johnny (Sterling Hayden) le pregunta a Viena (Joan Crawford) a cuántos hombres ha amado y Viena le pregunta a Johnny a cuántas mujeres ha olvidado.Etiquetas: Autores

















